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La anosmia o pérdida del olfato

Dentro de los 5 sentidos (vista, oído, gusto, tacto y olfato), el olfato o la capacidad de percibir y distinguir olores, es quizás al que menos importancia se le ha dado desde siempre. De hecho, en diferentes encuestas y estudios, cuando preguntan a los participantes que sentido sería el primero del que prescindiría si les dieran a elegir, siempre gana el olfato. Y es también el menos estudiado por la comunidad científica.

A pesar de la poca importancia que se le da, es el sentido más primitivo que tenemos (aunque también evolutivamente el menos desarrollado) y su pérdida o alteración puede ser el primer signo de algunas enfermedades como por ejemplo el Alzheimer.

Entonces, ¿para qué sirve?

Pues evolutivamente ha servido principalmente como mecanismo de defensa (escape de gases, comidas en mal estado, sustancias tóxicas) nos genera el inicio de procesos gástricos cuando olemos la comida (se me hace la boca agua), participa también en la mejor percepción del gusto de los alimentos, incluso implicaciones sexuales con las feromonas. El sentido del olfato se localiza en el techo de la fosa nasal y se conecta mediante neuronas con varias zonas del cerebro que controlan las emociones, recuerdos y comportamientos. De hecho, es el sentido que más capacidad tiene para evocar recuerdos emocionales.

¿Y que hace que lo perdamos y aparezca la anosmia?

Hay muchas causas y la más frecuente es la obstrucción nasal por alergias o catarros comunes (las cuales son reversibles en pocos días). Otras causas son los traumatismos craneoencefálicos, las infecciones virales como la gripe y sobre todo desde hace 10 meses la COVID-19.  No hay que olvidar las enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer, Parkinson o la esclerosis múltiple, donde en algunos casos es el primer síntoma que aparece.

¿Y se puede recuperar una vez lo hemos perdido?

Depende de la causa. En el caso de las rinitis, sinusitis, catarros, alergias o poliposis suele ser reversible en pocos días, en caso de una gripe o una COVID-19 durará varias semanas o meses, y en caso de traumatismos o enfermedades neurológicas es permanente.

¿Existen tratamientos?

Si, los más utilizados son los corticoides orales y nasales, pero en el caso de anosmias de larga evolución no son muy útiles. En esos casos se puede recurrir a la rehabilitación olfatoria, que consiste en exponerse a diferentes sustancias con diversos olores en distintas concentraciones o intensidades para “reentrenar” al olfato.

En el caso de pacientes que no lo recuperan se recomiendan una serie de medidas como poner detectores de humo y/o gas en el domicilio, separar los líquidos comestibles de los de limpieza, y controlar muy bien la buena conservación y caducidad de los alimentos.

Otras patologías del olfato son la hiperosmia (aumento de la capacidad olfatoria), parosmia (alteracion en las caracteristicas de la percepcion del olor), fantosmia (percibir un olor que no existe) o la osmofobia (fobia a algunos olores).

Ante cualquier alteración del olfato no dude en solicitar cita con su otorrinolaringólogo.

 

Así que al olfato no le damos demasiada importancia… hasta que lo perdemos.

 

Si quiere más información…

La anosmia. Manual MSD

Alteraciones del gusto y el olfato en COVID-19. Murciasalud.es

 

Autor

Rafael García